Testimonio Pastoral

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Conocimos al Señor como familia cuando teníamos 3 Hijos y llegaron a nuestro hogar mellizos, ambos con una enfermedad conocida como Síndrome de Di George. Uno de ellos falleció al mes.

Pero Pablo, casualmente el más grave de los dos, sobrevivió. Aun a pesar de que había nacido con el cerebro muerto como consecuencia de haber tragado el líquido amniótico.

Al hacerle los estudios correspondientes comprobaron que Pablo nació sin el Timo (donde están las defensas de las criaturas, sin el no se puede vivir). Pero el vivió GRACIAS A DIOS casi 18 años sin un solo resfrío.

Además padecía de Tetralogía de Fallot, es decir, las válvulas del corazón intercomunidadas. No recibía oxígeno suficiente, tendría que haberse ahogado y vivir cianótico pero él vivió como un niño normal.

No tenía formado el oído, le faltaba el yunque o martillo, que estaba hueco en su interior. Pero oyó, caminó, nadó, fue a la escuela, jugó, escucho música, era alegre. Llegó a medir 1,90 mts y pesar cerca de 130 kilos.

Fue nuestra alegría. Fue nuestro incentivo para ver la gloria de Dios en nuestra casa, convivimos diariamente con un milagro.

Al levantarme no hubo un solo día que no me postrara delante de Dios para darle gracias por la vida de mi hijo.

Pero ahí no termina todo, antes de partir con el Señor de un gripe, hubo una junta de médicos en casa, todos amigos, y al revisarlo le dijeron a nuestro pediatra: «Pobre, como habrá sido vivir estos años ciego» ; y el pediatra le dijo: «¡No era ciego!». Los médicos dijeron «¡No puede ser: no tiene mácula y sin ésta no se puede ver!» Y Nuestro pediatra dijo «Pues El veía y todos se maravillaron».

Pablo partió a la presencia del Señor el 15 de Abril de 2000 e hicimos una última despedida en su cama cantando Jerusalém, cuando las puertas del cielo se abrían para que él entrara.

El siempre escuchaba la música del Señor. El tenia su walkman y escuchó hasta que se fue.

Fue duro, y gozoso a la vez, que el Señor me haya elegido para ser la madre de Pablo Emanuel Ramanzini.
Le doy gracias a Dios por la vida de Pablo y por todos mis hijos (Gabriela, Alejandra, Ariel y Daniel) que siempre lo amaron, que nunca se avergonzaron de él, que le dieron siempre un lugar de privilegio a pesar de no ser perfectamente normal, pero era su hermano y eran su familia.

Gracias a él, conocimos al Señor, conocimos Sus milagros, nos dió la fuerza para crecer y permanecer en Su camino.

A través de su vida, Dios nos moldeó y no permitió que nos quedaramos estancados.

¡TODAS LAS COSAS AYUDAN A BIEN A LOS QUE AMAMOS A DIOS!

Amira Artusi de Ramanzini
Pastora